El español tiene una riqueza sorprendente. Por ejemplo, victimar y victimizar, precedente y procedente, inferir e inducir poseen significados diferentes. Y no son lo mismo un vidrio y un cristal, la belleza y la sensualidad, la propaganda y la información, lo exotérico y lo esotérico.
Así mismo, algo puede ser primitivo sin ser prehistórico, natural no es sinónimo de bueno o correcto, la pertinencia no indica pertenencia e interrumpir y prorrumpir son acciones distintas.
¡No debemos confundir el detritus con la pomada! Por su puesto, una cosa piensa el burro y otra el que se comunica.
De eso tratan estas páginas. De ciertas palabras que integran su acervo léxico. Sin embargo, esta obra es más que un viaje entre voces parecidas o cuyo uso suele causar dudas y “metidas de pata” —entiéndase, “metidas de lengua”—. Por ejemplo, no son lo mismo a ver y haber, adolecer y carecer, ay, ahí y ahí. En este sentido, la presente obra es una herramienta de precisión léxica, riqueza expresiva y matices sutiles, al alcance de los lectores, quienes podrán ojearlo y hojearlo, mientras lo disfrutan y se relamen cada definición.
Este diccionario es una guía para quienes desean afinar —y refinar— su lengua: los amantes del idioma. Ya que dos palabras, así sean sinónimas, difícilmente significan lo mismo, este libro ofrece un valioso aprendizaje del español, y de seguro le ayudará a evitar galimatías e imprecisiones, incluso, sonrojos, lo cual lo convierte en un verdadero tesoro.


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